Barcelona y su idea de realidad - Barcelona com tú
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Barcelona y su idea de realidad

Barcelona y su idea de realidad

El otro día paseaba por el barrio que me vio nacer: Gràcia Nova y me costó reconocer en él el espíritu de Pasqual Maragall que nos convirtió en la ciudad activa, dinámica y respetuosa que fue copiada y admirada por el mundo entero, y que hoy nos sigue sorprendiendo con iniciativas tan peregrinas como el carril bici descendiente en la calle Sardenya. Una calle con manifiesta inclinación en la que ahora habrá menos  espacio para la circulación y provocará mayores retenciones, mayor contaminación (acústica y atmosférica), y todo ello siendo claramente palpable que el vehículo que más se utiliza en ese barrio es la motocicleta, precisamente por sus constantes subidas y bajadas. Como digo, sorprendente.

Además de pasear, hice el pequeño ejercicio de preguntar a los comerciantes cómo iba la cosa, si estaba el barrio animado. La respuesta fue unánime: el barrio no está bien, a la gente se le hace muy difícil continuar con el negocio: Barcelona está triste. Esa es la realidad: una Barcelona repleta de espacios públicos sin orden ni sentido como la «superilla» del barrio de Poblenou, una Barcelona que bate todos los récords en siniestralidad (Eixample es el distrito con más accidentes de toda España), en precariedad humana (con más de 3000 vagabundos que deambulan por cajeros y portales -¿sabían que un vagabundo tiene una esperanza de vida de 58 años?), los precios de las viviendas ya sean de compra o alquiler son del todo impresentables, se ha batido el récord del precio del alquiler más alto de la historia, más de 75.000 personas buscan trabajo, los narcopisos y un sinfín de escenarios que nos conducen a una realidad que en modo alguno debemos aceptar y que debemos combatir por todos los medios.

Y claro, debo rememorar una conversación que mantuve hace unos meses con un amigo filósofo, que me dijo que si Barcelona seguía así, su marca perdería su significación. La verdad es que no le presté mucha atención, pero toda esta decadencia se manifestó claramente, al atender a sus pensamientos sobre cómo fueron los atentados de Barcelona y Cambrils, la inestabilidad política y social que se vive en la ciudad, una masificación turística que no se ha sabido redistribuir por la ciudad sino que se ha concentrado en determinados puntos de la misma y como eje central la ruta Gaudí, un claro desánimo a las políticas municipales que están generando un efecto negativo en la economía así como en las desigualdades sociales, etc. Todo ello me conduce a afirmar, que si no se corrige el rumbo de los acontecimientos que conforman la esencia misma de los barceloneses, la ciudad vanguardista que era se perderá para pasar a ser una ciudad más en el globo, una copia de modelos distintos que no son reflejo de nuestra autenticidad y protagonismo de antaño.

Volvamos a recuperar Barcelona, volvamos a recuperar el espíritu de Maragall y fijemos las bases de la que deberá ser la mejor ciudad del mundo. Y digo la mejor por un solo motivo: porque puede serlo. Para ello, no debemos renunciar a nada, solo con un nuevo proyecto de gestión social podremos decidir entre el todo y la nada, entre el entusiasmo y la frustración, entre el progreso o el estancamiento, entre el futuro y la malévola realidad actual.

Los barceloneses debemos ser exigentes. Las políticas municipales deben apartarse de la ideología individual, para dar paso al pragmatismo funcional, que solo nos puede llevar a la solución óptima de los problemas globales y del aprovechamiento máximo de los recursos públicos. Ya son demasiados los indicadores que nos alertan de una desigualdad social galopante, que si no se corrige de inmediato va a ser muy difícil recuperar.

Será la sociedad barcelonesa la que decida su futuro, la que deberá tener en cuenta qué hacer  para mejorar su día a día, en definitiva, decidir qué realidad quiere vivir y no tener que vivir una idea de la realidad, que nos han vendido desde el municipalismo populista.

Daniel Vosseler



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