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De la seguridad a la vulnerabilidad en el puesto de trabajo

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De la seguridad a la vulnerabilidad en el puesto de trabajo

Carlos es barcelonés, tiene 48 años y una buena experiencia laboral; desde hace ocho años trabaja en la misma compañía. En estos años, no sin esfuerzo y sacrificio personal, ha conseguido el equilibrio familiar que buscaba.

Sin embargo Carlos está preocupado. Muy preocupado. El lunes va a tener una reunión con su superior en la empresa. Es la última reunión. Los socios europeos han comprado la mayoría del capital hace pocos meses y el puesto de Carlos se ha “reestructurado”.

Carlos, con 48 años, tendrá que buscar un nuevo trabajo.

Cada día más la dinámica de Carlos o similares es un hecho habitual en la vida de los barceloneses a cualquier edad.

La pregunta es ¿qué ha cambiado? El modelo clásico de una empresa para toda la vida ya no funciona y se ha producido un cambio de paradigma en relación con la seguridad en el puesto de trabajo. Mientras que en el modelo de antes se tenía asumida la idea de estabilidad en el puesto de trabajo, en un nuevo orden globalizado, la inercia de una empresa no es garantía de estabilidad futura. La estructura de una empresa, en una necesidad vital de adaptarse a entornos cambiantes, tiende a la flexibilidad como cultura de supervivencia y al cambio permanente como estrategia de innovación para generar el valor añadido que le exige el mercado.

Y en esta situación de evolución constante nada es fijo y permanente dentro de la empresa, nadie es imprescindible, el ciclo vital de la vida laboral ya no se hace siempre dentro de la misma empresa y un cambio estructural de puesto de trabajo o de empresa conduce en no pocas ocasiones a una confrontación o dilema entre trabajo profesional y familia, entre tipo de empresa y nivel profesional o, entre los más jóvenes, entre calidad de vida y sacrificio-seguridad profesional.

Es indudable que el impacto de esta situación crea una nueva psicología  de la persona de empresa, que obliga a un cambio de mentalidad para el que hay que estar preparado.

Es necesario un nuevo orden donde los instrumentos sociales y la vocación de formación permanente permitan afrontar estos cambios como una oportunidad y no tanto como una quiebra del orden laboral o familiar.

La dinámica de las empresas nos dice que si se asumen niveles de riesgo superiores se espera una rentabilidad más elevada y probablemente el mundo de la empresa deberá de cuantificar estos escenarios de cambio reequilibrando un evento que de posible va a convertirse en normal. De lo contrario la empresa puede salir perjudicada no sólo para retener los buenos profesionales, sino también por la imagen que se proyecte o pueda tener a nivel externo cuando trate de incorporar a nuevos trabajadores.

Cada vez más las personas, cuanto mayor sea el nivel de responsabilidad que deban asumir, mayor será el énfasis en valorar el factor de estabilidad frente a incentivos de otro tipo. Las empresas con una imagen de inestabilidad o de continuos cambios, sin posibilidad de desarrollar una vida laboral consolidada, no serán las elegidas por los jóvenes con potencial y deseos de crecimiento profesional.

¿Pero, existe sensibilidad de nuestra sociedad ante esta dinámica?

En la realidad vemos como el final de un empleo en muchas ocasiones es percibido como un elemento totalmente negativo y como un fracaso.

No existe la necesaria evolución de la idea de una empresa que garantiza el empleo a un territorio como el nuestro, que garantiza el trabajo.

No existen observatorios adecuados que vayan orientando y divulgando los cambios de necesidades que se generan en nuestro entorno económico y empresarial.

No hay una voluntad de inculcar una actitud positiva y una necesidad de actualizar la formación que prepare una mentalidad fuerte para el cambio.

Si estos escenarios no se normalizan suficientemente veremos un escoramiento de la persona de empresa a planteamientos totalmente mercantilistas donde la “lealtad” a la empresa será un valor en decadencia.Y el círculo virtuoso se romperá. ¿Para qué hacer planteamientos de futuro?. Lo que cuenta es el hoy. ¿Para que entregar mi lealtad al cien por cien, si la empresa el día de mañana puede cambiar de dueño y yo perder mi puesto?

¿Y como se puede innovar si no se confía en el mañana, cuando la innovación es creatividad y si prima el “hoy” frente al “mañana” la creatividad no florece?

Sin innovación no hay valor añadido, ni un futuro de progreso.

Es importante que no se subestime el impacto de este tipo de situaciones si no queremos un capital humano sin el grado de lealtad necesaria para impulsar empresas en entornos altamente cambiantes. El futuro de Barcelona también se juega en ese campo.

Por cierto, Carlos va a hablar con Alberto este fin de semana.

Hace un mes que Alberto dejo la empresa y se ha establecido como autónomo.

¿Es este el futuro que nos espera?

Jordi Roig



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