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La reinserción laboral y las segundas oportunidades

La reinserción laboral y las segundas oportunidades

Barcelona es una de las ciudades más atractivas y visitadas turísticamente, pero tenemos un alto índice de delincuencia entre robos y hurtos de entidad menor. Pensar en soluciones para proporcionar más seguridad a los ciudadanos y turistas es un planteamiento que todos deberíamos hacernos. Creo en las segundas oportunidades porque, muchos de esos pequeños ex delincuentes han corregido sus conductas, han cambiado, han demostrado ser dignos de confianza, han prosperado y actualmente están totalmente integrados en la sociedad ayudando a otros a abandonar la delincuencia y evitar el duro camino que ellos han recorrido. Ellos, con su ejemplo, son quienes mejor pueden ayudarlos.

La delincuencia en Barcelona es un gran problema que en los últimos tiempos ha aumentado considerablemente, y es de agradecer que haya personas que, después de salir de prisión, inviertan tiempo y recursos en obras sociales dedicadas a jóvenes con riesgo de incurrir en la delincuencia. Una labor muy digna y loable que he podido conocer profesionalmente a través de personas que han pasado largas o cortas temporadas en prisión, y que me han permitido reflexionar sobre las múltiples barreras que existen ante la reinserción laboral.

A día de hoy, la más evidente de todas es la discriminación laboral por antecedentes penales. Algunos países cuentan con leyes que permiten la cancelación de ciertos antecedentes penales pero, en la mayoría de los casos, los trámites administrativos son tan complicados que se pueden comparar a una condena condicional, haciéndolos casi imposible de cumplir para quienes carecen de apoyo familiar y estabilidad económica. Frecuentemente existe una desconexión entre la capacitación ofrecida y la demanda del mercado laboral, lo que les dificulta una reintegración que va más allá del salario.

Existe un gran potencial humano en muchos de los afectados. Lo demuestran ayudando a los demás desde la empatía de haber vivido una situación parecida y ofreciendo segundas oportunidades. Son gente que ha tenido vidas complicadas y difíciles, han sido “carne de prisión”, hasta que aprendieron que ese no era el camino correcto y encontraron la manera de poner su granito de arena. Algunas de sus aportaciones están encaminadas a ayudar a chicos jóvenes que viven en la calle para que no caigan en la drogadicción y no lleguen a iniciar una carrera delictiva que acabe con su futuro.

Algunas de estas personas, después de salir de prisión, han montado centros deportivos para que estos colectivos se reintegren a través del deporte y de pequeños trabajos que les hacen sentir útiles y parte del sistema. Empatía, superación, trabajo en equipo, tolerancia, respeto, son algunos de los valores que definen al deporte y a las personas que quieren dar ejemplo y oportunidades a otras personas. Porque al fin y al cabo todos podemos rectificar, igual que todos podemos equivocarnos.

El principal obstáculo que presenta la reinserción laboral es, a mi entender, el estigma social o la desinformación referente a estos temas. Démosle la oportunidad a todo aquel que quiera romper tabús sociales, a todo aquel que quiera ofrecerlas llenando su vida de sentido y todos aquellos que aprovechándolas aún no saben cómo les va a cambiar la vida.

Un buen programa de reinserción laboral formado por un buen equipo de profesionales, podría ser el resultado de que muchos jóvenes, o personas que han pagado sus actos y errores ante la justicia, vuelvan a tener sus derechos y obligaciones dentro de la sociedad. Pero no solo debemos proporcionar recursos a aquellos que desean rectificar, sino que también debemos de estar muy atentos a los colectivos de riesgo, siendo de vital importancia la desestigmatización de algunas realidades para que puedan acudir y pedir ayuda. Más vale tarde que nunca.

“No quiero soñar despierto”, pero ¿os imagináis una Barcelona con un muy bajo o inexistente índice de delincuencia en las calles y con una mayor seguridad? Yo sí, me han demostrado que es posible.

Daniel Vosseler.



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